8.5.16

Dulce descubrimiento



En el trabajo en equipo a veces no te das cuenta de las personas que se encuentran a tu lado hasta que algo toca profundamente, hasta que te llegan hondo.

Era un día caluroso, las actividades estaban a tope y la ansiedad por terminar pronto con el trabajo comenzaban a angustiarnos a todos. Bajábamos lo más rápido que podíamos el material que llevábamos, era demasiado y parecía no tener fin. En ese momento me di cuenta que estabas ahí, giré para verte y darte algunas de las cosas que transportábamos y justo en ese momento fui atravesada por tu presencia.

Recuerdo claramente tu mirada. Era tan diferente a las que había conocido, sentía que no podía ocultarme de ella, parecía que podías ver a través de mí, parecía que podías leerme. De pronto mirabas todos mis pensamientos, sabías todo lo que estaba pensando, sabías todo de mí. 

Me pareció eterno el encuentro de nuestras miradas, mientras tú leías mi mente yo te reconocía lentamente. Pude ver a detalle tu cabello largo, tus ojos, el color que tomaba tu piel con el sol, la barba que comenzaba a crecer, la forma de tus cejas, tu nariz, la forma de tu cuerpo, los colores añadidos a tu piel  y esa sonrisa tímida que se asomó al darte cuenta de mi sorpresa.

Sentí claramente cómo el aliento me faltó por un segundo. Todo mi ser se paralizó. Sólo podía concentrarme en tu mirada. Cuando me dí cuenta de mi rigidez reaccioné violentamente y casi salí corriendo, sentía mi cara roja y sentía cómo mi corazón comenzaba a latir cálidamente cada vez que pensaba en ti y en esa mirada.

Desde ese día te sueño, te veo, te percibo de inmediato si estás cerca, no me canso de buscarte entre las miradas, no me canso de buscarte entre los sonidos de la noche, no me canso de buscarte entre las estrellas, no me canso de buscarte, no me canso de buscarte... Quiero encontrarte

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