Una vez conocí a un hombre del cual me enamoré perdidamente.
Fue todo lo que en la vida pedí y esperé.
Los detalles de cómo nos conocimos no tienen mayor importancia, sólo sé que desde el primer día quedé enganchada a él.
Basta con cerrar los ojos para ver su rostro y su sonrisa. Su cabello largo y esa mirada que sigue dando vueltas en mi cabeza. El sonido de su voz y el aroma de su cuerpo.
Jamás olvidaré nuestra primera cita; las risas, nuestros temas de conversación. El viento y el sol iluminando su rostro. Los besos, las caricias, nuestras miradas y ese pacto que cerramos al final del día al caminar juntos de la mano.
Después de aquel día pensé que no volvería a verlo, pero el destino nos tenía planeadas muchas más citas a lo largo de todos estos años.
Fuimos todo sin ser nada, tuvimos todo sin tener nada. Pasamos juntos días interminables. Jugamos, reímos y amanecimos. Aprendimos tanto el uno del otro. Y un día sin más ya lo estaba amando con todo mi ser.
Pero así como lo amé sufrí por él.
Esperé mil veces su llamada, mil veces más su llegada. Cada día esperé por su amor pero éste jamás me perteneció. Cada mañana amanecí pensando en él, añorando su presencia y todo lo que me hacía sentir cuando estábamos juntos.
Un día me armé de valor y decidí decirle adiós. Desde entonces he vivido dividida.
Siempre pensé que realmente no me quería por eso sigo sin entender por qué lloró aquel día. Vivo dividida pensando en que quizás... Ese último beso fue una sentencia, fue morir en vida, no quería que terminara y me sentía tan arrepentida por estar despidiéndome de él.
Pasaron dos años y la vida se encargó de mostrarme lo que quería y lo que no. Cuando entendí eso lo busqué de nuevo.
Volver a verlo fue como renacer y morir una y mil veces. En ese momento me di cuenta que lo amaría por siempre, sin importar el tiempo, la distancia ni las circunstancias en las que nos encontraramos.
Nuestra situación otra vez era complicada pero decidimos reiniciar nuestra amistad de un modo muy distinto. Eliminamos ese fuego que nos consumía y juntos conocimos formas distintas de querernos. De conocernos.
Pasamos días llenos de aventura, risas, ardillas y descubrimientos del uno y del otro. Y volví a amarlo profundamente aunque eso otra vez no fue suficiente.
Actualmente no sé nada de él y tampoco quiero saberlo. Espero sea feliz y sobre todo espero no volver a verlo jamás.
En la vida hay amores que merecen la pena ser vividos, algunos merecen ser recordados, pero el amor que sentí por Enrique debe ser superado.
Mentiría si dijera que voy a olvidarlo; siempre será el hombre que despertó mi curiosidad más profunda, será el hombre perfecto que llegó a destiempo a mi vida.
Lo único constante en este universo es el cambio y nosotros no somos los mismos después de seis años, seis años que doy por terminados esta noche.
:::maktub:::

