17.9.16

Eterna despedida




Una vez conocí a un hombre del cual me enamoré perdidamente.

Fue todo lo que en la vida pedí y esperé.

Los detalles de cómo nos conocimos no tienen mayor importancia, sólo sé que desde el primer día quedé enganchada a él.

Basta con cerrar los ojos para ver su rostro y su sonrisa. Su cabello largo y esa mirada que sigue dando vueltas en mi cabeza. El sonido de su voz y el aroma de su cuerpo.

Jamás olvidaré nuestra primera cita; las risas, nuestros temas de conversación. El viento y el sol iluminando su rostro. Los besos, las caricias, nuestras miradas y ese pacto que cerramos al final del día al caminar juntos de la mano.

Después de aquel día pensé que no volvería a verlo, pero el destino nos tenía planeadas muchas más citas a lo largo de todos estos años.

Fuimos todo sin ser nada, tuvimos todo sin tener nada. Pasamos juntos días interminables. Jugamos, reímos y amanecimos. Aprendimos tanto el uno del otro. Y un día sin más ya lo estaba amando con todo mi ser.

Pero así como lo amé sufrí por él.

Esperé mil veces su llamada, mil veces más su llegada. Cada día esperé por su amor pero éste jamás me perteneció. Cada mañana amanecí pensando en él, añorando su presencia y todo lo que me hacía sentir cuando estábamos juntos.

Un día me armé de valor y decidí decirle adiós. Desde entonces he vivido dividida.

Siempre pensé que realmente no me quería por eso sigo sin entender por qué lloró aquel día. Vivo dividida pensando en que quizás...  Ese último beso fue una sentencia, fue morir en vida, no quería que terminara y me sentía tan arrepentida por estar despidiéndome de él.

Pasaron dos años y la vida se encargó de mostrarme lo que quería y lo que no. Cuando entendí eso lo busqué de nuevo.

Volver a verlo fue como renacer y morir una y mil veces. En ese momento me di cuenta que lo amaría por siempre, sin importar el tiempo, la distancia ni las circunstancias en las que nos encontraramos.

Nuestra situación otra vez era complicada pero decidimos reiniciar nuestra amistad de un modo muy distinto. Eliminamos ese fuego que nos consumía y juntos conocimos formas distintas de querernos. De conocernos.

Pasamos días llenos de aventura, risas, ardillas y descubrimientos del uno y del otro. Y volví a amarlo profundamente aunque eso otra vez no fue suficiente.

Actualmente no sé nada de él y tampoco quiero saberlo. Espero sea feliz y sobre todo espero no volver a verlo jamás.

En la vida hay amores que merecen la pena ser vividos, algunos merecen ser recordados, pero el amor que sentí por Enrique debe ser superado.

Mentiría si dijera que voy a olvidarlo; siempre será el hombre que despertó mi curiosidad más profunda, será el hombre perfecto que llegó a destiempo a mi vida.

Lo único constante en este universo es el cambio y nosotros no somos los mismos después de seis años, seis años que doy por terminados esta noche.

:::maktub:::




8.5.16

Dulce descubrimiento



En el trabajo en equipo a veces no te das cuenta de las personas que se encuentran a tu lado hasta que algo toca profundamente, hasta que te llegan hondo.

Era un día caluroso, las actividades estaban a tope y la ansiedad por terminar pronto con el trabajo comenzaban a angustiarnos a todos. Bajábamos lo más rápido que podíamos el material que llevábamos, era demasiado y parecía no tener fin. En ese momento me di cuenta que estabas ahí, giré para verte y darte algunas de las cosas que transportábamos y justo en ese momento fui atravesada por tu presencia.

Recuerdo claramente tu mirada. Era tan diferente a las que había conocido, sentía que no podía ocultarme de ella, parecía que podías ver a través de mí, parecía que podías leerme. De pronto mirabas todos mis pensamientos, sabías todo lo que estaba pensando, sabías todo de mí. 

Me pareció eterno el encuentro de nuestras miradas, mientras tú leías mi mente yo te reconocía lentamente. Pude ver a detalle tu cabello largo, tus ojos, el color que tomaba tu piel con el sol, la barba que comenzaba a crecer, la forma de tus cejas, tu nariz, la forma de tu cuerpo, los colores añadidos a tu piel  y esa sonrisa tímida que se asomó al darte cuenta de mi sorpresa.

Sentí claramente cómo el aliento me faltó por un segundo. Todo mi ser se paralizó. Sólo podía concentrarme en tu mirada. Cuando me dí cuenta de mi rigidez reaccioné violentamente y casi salí corriendo, sentía mi cara roja y sentía cómo mi corazón comenzaba a latir cálidamente cada vez que pensaba en ti y en esa mirada.

Desde ese día te sueño, te veo, te percibo de inmediato si estás cerca, no me canso de buscarte entre las miradas, no me canso de buscarte entre los sonidos de la noche, no me canso de buscarte entre las estrellas, no me canso de buscarte, no me canso de buscarte... Quiero encontrarte

14.3.16

Infrared King

Tejer recuerdos con hilos de música... sentir el viento en la cara y poder ver los colores, saber a qué huelen tus sueños, tener la certeza de escuchar esas voces que te llaman desde allá dónde dejaste el recuerdo y construir memorias justo en el punto en dónde aún no existen...

Vamos en un automóvil, jamás imaginé que tuvieras un auto convertible ha sido una gran novedad para mí, aunque en realidad todo tú eres una novedad para mí.

Me gusta verte detenidamente, aún no encuentro algo de ti que no me guste, salvo tu carácter, ese que no me deja definirte completamente. Me gusta tu cabello largo y enredado por el viento, me gustan tus ojos y esas miradas que a veces se asoman como queriendo ocultarse. ¿Te he dicho que tu sonrisa es fantástica? Y el tono de tu voz. Me sigo preguntando si esto no es un sueño.

Aún no me has dicho hacía dónde nos dirigimos pero me encanta el misterio, de hecho es la misma razón por la cuál estoy enamorada de ti. 

Se acerca el ocaso y la temperatura comienza a bajar aunque no es importante pues me siento anestesiada con tu compañía, levanto las manos para sentir el viento e inevitablemente comienzo a tejer recuerdos, mis manos juguetean al ritmo de esa canción que has repetido al menos diez veces durante nuestra trayectoria, me doy cuenta que te transmite algo importante y dejo que al mismo tiempo me transmitas ese sentir, ese sentimiento me hace sentir más cerca de ti.

Puedo verte sonreír de reojo, me sabes contenta y eso te hace feliz. Y a  mi me hace sentir contenta el saberte feliz. Bajo las manos y me acerco a ti, el viento frío ha comenzado a hacerme efecto pero tu recurrente volatilidad me hace pensarlo dos veces y prefiero pasarme al asiento trasero para buscar una chamarra. Aún cuando te pones serio conmigo me encantas.

Decido quedarme en el asiento trasero para recostarme y disfrutar del cielo, ha sido un viaje tan rápido que no me había detenido a contemplar las cosas a mi al rededor. Miro el cielo y siento que estoy siendo transportada a mi infancia a aquellos días en los que me recostaba sobre el pasto verde y pensaba en qué hay más allá de ese azul celeste, mis dudas no han cambiado y sigo preguntándome cuántas cosas no sabemos de la realidad.

El sueño comienza a colarse y decido cerrar mis ojos pero no concilio el sueño al darme cuenta de un olor que al parecer ha estado aquí todo este tiempo, abro los ojos de golpe y decido asomarme por una orilla del auto para encontrarme con el pasto y los arboles que nos han acompañado durante todo el trayecto. 

Todo este tiempo ha estado oliendo a verde -a clorofila-  me corregirías tú y ante este pensamiento suelto una carcajada que te hace salir de tus pensamientos, me miras profundamente a través del retrovisor pero decido guardarme mi chiste porque me gusta la forma con la que tratas de descifrarme. Te abrazo por la espalda, ya no me importa si te pones serio conmigo porque jamás he sabido descifrarte como tú lo haces conmigo.

Hueles a bosque y madera pero también a almizcle y vainilla. Tú olor es mil veces mejor que cualquier olor que pudiera haber encontrado antes de ti.

Te beso en la mejilla y te suelto, no quiero verte serio conmigo. Me quedo observando nuestro rededor y me doy cuenta que no tengo ni la mínima idea de dónde nos encontramos. Justo en ese momento tomas una desviación más. Comienzo a ponerme un poco nerviosa, tu sorpresa comienza a hacerme sentir un poco incomoda, pero confío en ti así que trato de mantenerme tranquila.

Llegamos a un mirador, la noche está a punto  llegar y puedo ver el regalo tan especial del que hablabas. Detienes el auto, te quedas mirando el horizonte y sonríes. Me encanta el color de tu piel al atardecer, tu piel blanca se transforma en una fiesta de colores, pasas a ser anaranjado y dorado al mismo tiempo, el color de tus ojos ahora es dorado y tu sonrisa sigue siendo fantástica. Decido que es mucho más bello verte a ti cualquier otra cosa en el mundo entero.

Bajas del auto y me ayudas a bajar. No hemos terminado de cerrar la puerta cuando te fundes conmigo en un fuerte abrazo. El olor de tu piel me invade totalmente y cierro los ojos para no dejar escapar ni el más mínimo detalle. Me besas en la frente y después otro abrazo fuerte. Puedo sentir tu respiración en mi cuello y la sensación que causa tu barba al contacto con mi piel es simplemente indescriptible, ¡Me encanta!

Me tomas de la mano y caminamos un poco hasta quedar de frente al gran valle al que tanto querías llegar, adoro ver que tu sonrisa no se borra y que no hayas soltado mi mano ni un momento.

Juntos vemos los últimos instantes de ese atardecer que nos ha fundido en una sola persona por al menos unos segundos. Me abrazas. La vida en este punto no puede ser mejor...