Te tengo presente en mi mente, todos los días de mi vida. Eres una especie de espejismo que me invita a caminar, a seguir avanzando. Sé que estás lejos, sé que nuestros caminos no se juntarán tan fácil, pero también sé que nuestros corazones laten al mismo ritmo desde que el destino nos señaló como iguales.
Anoche te soñé en el desierto, tu piel era morena y bronceada por el sol, tu cuerpo parecía haber sido esculpido a mano por algún generoso artesano, tus brazos parecían el refugio perfecto para pasar horas escondida del mundo, de tus labios brotaba mi nombre como manantial inagotable y tus besos eran capaces de saciar toda la sed de mi vida.
Te acercaste con esa sonrisa radiante y me invitaste a tu placio de las mil y una noches. Tu cultura, tu conversación, tu perfume. Sabía de antemano que no tenía salida, habías llegado de nuevo sin previo aviso dejándome enamorada como es tu hermosa costumbre. Tenías un nuevo rostro, más hermoso que el de la última vez y un nombre que jamás podré recordar.
Te aferraste como naufrago a mi espalda mientras yo me perdía en el verde mar de tus ojos. Una vez más nos encontramos y volvimos a amarnos.
Sin previo aviso desperté y me encontré sola en mi cama. Suspiré e invoqué tu aroma, aún lo tenía en mi mente. Es la única clave que tengo de ti, de tu amor.
Piénsa en mi, yo aún pienso en ti.
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