29.5.12

Mi gran deseo

Debemos tener cuidado con nuestros deseos, siempre cabe la posibilidad de que se conviertan en realidad.

El último día del año, justo en el portal del tiempo en el cual se cruzan los dos años, me dispuse a recitar mentalmente mis propósitos de año nuevo, sólo fueron 11 y me reservé el último como deseo: "Quiero enamorarme perdidamente como cuando fui adolescente, quiero sentir ese nerviosismo al hablar con ese hombre, tengo ganas de perder la cabeza y dejarme guiar por el corazón" repetía esas palabras al mismo tiempo que cerraba los ojos y empuñaba una servilleta en mi regazo. 

Ese deseo lo grité con cada célula de mi ser, quería que el universo me escuchara y me permitiera sentir el enamoramiento en su máxima expresión. Sentía tanta emoción por mi deseo que muy en el fondo sabía, se haría realidad.

Pasaron algunos meses y olvidé por completo aquel conjuro mal hecho, me tomó desprevenida y en una noche especialmente extraña, caí enamorada de un hombre maravilloso. 

El chat, vaya lugar para conocer nuevas personas y a las 2 de la mañana uno sabe a qué atenerse con las conversaciones. Burlona de nacimiento no podía evitar reírme de aquellos extraños que buscaban "sexo en la ciudad" proponiéndome raros tratos por placeres carnales. Extrañamente él no buscaba eso.

Me alegró encontrar a un joven de mi edad con ganas de otro tipo de plática, con diferentes temas de conversación e intereses comunes. Hablamos por horas sobre banalidades, nada que pueda recordar muy bien ahora, pero que me hicieron feliz a lo largo de la plática.

Prometimos conocernos mejor así que nos pasábamos horas enteras platicando, sobre la vida, los puntos de vista, las carreras, los amigos, las creencias y cuando menos me di cuenta, estaba perdidamente enamorada de él.

E. Adhemir fue mi excepción a la regla, era totalmente diferente a todos mis amores pasados, los reales y ficticios. Era un hombre de piel tostada, aquel hermoso color que sólo los costaneros poseen. Con la altura perfecta para pasar horas colgada de su cuello sin mirar nada más que sus ojos negros y besar su boca. Adoraba su voz, aquella que me conquisto por completo, la cual me hacía viajar a su lado sólo con cerrar los ojos. Lo llegué a querer tanto.

Siempre he creído que los amores virtuales son estúpidos pues nunca se tiene un sustento real de la otra persona, siempre queda el espacio suficiente para la duda, los celos y la sospecha, esa fue la principal razón por la cuál me negaba a aceptar que ya lo estaba queriendo con cada átomo de mi ser.

Ignoré todas mis reglas dejándome llevar por mi tonto e iluso corazón y soñé con lo impensable; soñé con una boda, con una familia a su lado, con caminatas por la playa. Me imaginé una vida bella, sonrisas compartidas y besos en el viento. Volé muy alto y fui muy feliz con mis fantasías. Muy feliz.

Nunca sabré qué pasó. Un día sin previo aviso me borró de su vida. Literal. Primero pensé que había sido un error así que esperé pacientemente pero nada sucedió. Me volví loca de desesperación, quise gritar y arrancarme el corazón para no sentir el dolor que me carcomía la vida, traté de llamar, envíe e-mails, averigüe todo tipo de cosas para ir a buscarlo hasta Guerrero, abrí una cuenta alterna y todo para darme cuenta que él había seguido con su vida, me había dejado atrás y lo peor, parecía odiarme.

Me hundí mar adentro sin poder respirar, no sabía hacía dónde estaba la superficie, me quedé sin fuerzas ante el asombro, mi garganta se cerró y poco a poco me quedé aletargada en un silencio sepulcral.

Aún con todo el dolor que esto me pudo haber ocasionado, estoy feliz de haberme enamorado perdidamente, agradezco a la vida el placer de sentir latir mi corazón con cada llamada suya, soy feliz porque por varios días se cumplió mi deseo de amar y ser amada. El dolor se irá y los buenos recuerdos quedarán guardados en mi baúl de tesoros invaluables. 

Los deseos en dosis pequeñas son maravillosos, sólo es cuestión de decir las palabras correctas en el orden indicado. Sólo deben ser pedirlos con fe. Yo creo en ellos, la vida ya me ha regalado unos cuantos.

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