21.4.11

2 minutos

Sí, yo soy de aquellas personas que sirven para escuchar a los amigos, hermanos, compañeros, clientes, conocidos y hasta desconocidos.

Supongo que les doy confianza, tal vez hay algo en mí para hacerlos hablar. Aunque cada día miro a la realidad de modo diferente.

De verdad sé escuchar, pero pocas veces sé hablar.

Por lo regular doy malos consejos, meto la pata y soy poco prudente con mi lenguaje. Mis palabras podrían llegar a desacreditar todos mis años de estudios incluyendo los universitarios en comunicaciones.

He notado que el embrollo de tal problema es simple y parece un tanto increíble. Pocas veces soy escuchada con el interés adecuado en una conversación, de tal modo que cuando tengo oportunidad de expresar mis ideas, lo hago desordenadamente cometiendo muchos errores.

Tengo mil pensamientos por comentar, cinco mil poemas para recitar, diez mil canciones por cantar y toda una vida por contar. Cinco problemas agobiantes y dos palabras que me he prohibido pronunciar.

Supongo que en dos minutos de atención no puedo resumirlo todo. Por esa razón, pido perdón por la torpeza y prometo que en los próximos dos minutos concedidos organizaré mejor mis ideas.