28.9.10

Alimento del alma

Mi abuela tenía una teoría muy interesante, decía que si bien todos nacemos con una caja de cerillos en nuestro interior, no los podemos encender solos, necesitamos oxigeno y la ayuda de una vela. Sólo que en este caso el oxigeno tiene que provenir del aliento de la persona amada; la vela puede ser cualquier tipo de alimento, música caricia, palabra o sonido que haga disparar el detonador y así encender uno de los cerillos.
Por un momento nos sentiremos deslumbrados por una intensa emoción. Se producirá en nuestro interior un agradable calor que irá desapareciendo poco a poco conforme pase el tiempo, hasta que venga una nueva explosión a reavivarlo. Cada persona tiene que descubrir cuales son sus detonadores para poder vivir, pues la combustión que se produce al encenderse uno de ellos es lo que nutre de energía el alma. Si uno no descubre a tiempo cuáles son sus propios detonadores, la caja de cerillos se humedece y ya nunca podremos encender un sólo fósforo.

Si eso llega a pasar el alma huye de nuestro cuerpo, camina errante por las tinieblas mas profundas tratando vanamente de encontrar el alimento por sí misma, ignorante de que solo el cuerpo que ha dejado inerte, lleno de frío, es el único que podría dárselo.

Como agua para chocolate Laura Esquivel