Encontrar el camino a casa no siempre es facíl, volver a aquel lugar de origen lleno de magia y color es complicado, sobre todo si te has dedicado a borrar las huellas y a eliminar toda señal de tránsito.
Intentar volver es darte cuenta de que el camino está cerrado y lleno de matorrales espinosos, es trabajar duro y sufrir en el intento.
Pero a cada paso dado puedes sentir más y más ese calor que te llena de paz y tranquilidad, puedes sentir el aire fresco en tu piel y el dulce olor de la felicidad.
Es entonces cuando comprendes que cada herida causada vale la pena, cada dolor te ha dejado aprendizaje y un agridulce sabor a bienestar.
Comenzar a vivir de nuevo es sumamente complicado, pero no imposible.
Encontrar una razón para seguir es lo importante y la mejor razón siempre se encuentra frente al espejo, siempre estará ahí, delante de nosotros, esperando a ser descubierta.
Yo la encontré hace dos días, aún trato de descifrar cuales son las metas y anhelos de aquella razón, mientras tanto, seguiré caminando entre los matorrales.
A final de cuentas nadie dijo que vivir sería fácil.